Por Jordi Collell. Asesor de marca personal y socio de Soymimarca.

Abandonar  es una actitud muy humana. Cuando los resultados no son tan rápidos como los esperados o cuando las circunstancias nos llevan por caminos más enmarañados de lo previsto, las ganas de dejarlo correr todo pueden acabar siendo potentes. La gestión de la marca personal no está a salvo del abandono y frente a una tempestad solo la brújula de los valores puede ayudar a llegar al puerto previsto.

Ya sabemos que la gestión de la marca propia, la marca personal, forma parte de un trabajo global. Partimos del reconocimiento de nuestra identidad, del saber quiénes somos, en qué somos buenos y que queremos hacer en la vida. A través de la definición de una estrategia, en la que identificamos a nuestro público al que nos dirigiremos a través de un mensaje dejando bien claro lo que nos hace diferentes de los demás, podemos plantearnos hacernos visibles dentro y fuera de la red. Y también sabemos que si iniciamos el proceso por la visibilidad estamos construyendo  un edificio mal cimentado.

Estamos en inmersos en un paradigma social que todavía valora la velocidad de reacción por encima de otros atributos. Y el “todavía” tiene sentido porque la crisis está reposicionando el concepto de velocidad en las acciones personales y sociales. De velocistas estamos pasando a ser fondistas, a la fuerza.

En la gestión de la marca personal hay tres valores que hemos de tener muy presentes cuando el desánimo aceche y creamos que avanzamos demasiado lentos.

     I.         Fidelidad. Hemos invertido tiempo e ilusiones trabajando la definición de nuestra marca, conociéndonos mejor y proyectando nuestras ilusiones y nuestros sueños hacia el futuro. ¿Tiene sentido que por una diferencia temporal, por una cuestión de tiempo, echemos por la borda el trabajo realizado? La fidelidad es, en este caso, el seguir creyendo en nosotros y en la importancia de lo que queremos hacer. Es también recordar que nadie excepto nosotros nos sacará las castañas del fuego y que si hemos llegado hasta aquí es porque tenemos una historia de la que, en el futuro, queremos ser los guionistas y los protagonistas.

   II.         Respeto. Siempre tenemos personas en nuestro entorno a las que acudimos pidiendo ayuda y en el caso de la gestión de nuestra marca estamos conectando con un público, nuestro público. Para ambos, personas que nos ayudan y el público que nos acoge, es necesario tener respeto. Fidelidad y respeto van cogidos de la mano. Abandonar es dejar colgados a los que nos ha echado un cable y a los que han decidido ponerse de nuestro lado. Aunque los primeros puedan ser profesionales que han cobrado por la ayuda y los segundos sean, de momento, pocos.

 III.         Paciencia. Porque algunas veces las cosas van más lentas de lo previsto. La situación actual no está pensada para velocistas, estamos en una pista llena de obstáculos que hemos de vencer de uno en uno y que por supuesto ni controlamos ni podemos, en muchos casos, prever. Trabajar con el fin en la mente, uno de los siete hábitos del gran Covey que no me canso de repetir, es un gran antídoto contra la falta de paciencia; saber que vamos hacia el punto que queremos nos relativiza las prisas.

Finalmente no caigamos en la tentación de creer que el futuro acaba siempre arreglando las cosas o que alguien nos sacará del embrollo cuando se produzca. Los príncipes azules y las lámparas maravillosas dejaron de existir. No valen las promesas de rescate. Solo nosotros podemos dirigir nuestra marca y nuestra vida.

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