Por Cristina Aced, periodista especializada en comunicación corporativa y social media. Post publicado originalmente en Blog-o-corp

Seguramente si os pregunto si es importante que una empresa gestione su reputación, la mayoría de vosotros responderá afirmativamente y sin dudar. Pero si os preguntara si es necesario que gestionéis vuestra reputación personal, entonces las respuestas serían más variadas. Muchos quizás pensáis que esto de gestionar la reputación es cosa de las grandes empresas o de los famosos. Sin embargo, gestionar la reputación es importante para todos. ¿No os lo creéis? Pues seguid leyendo.

La reputación es la percepción que los demás tienen de nosotros. Es decir, cómo nos ven, globalmente hablando. Es eso que muchas veces en lenguaje coloquial llamamos “prestigio” o “fama” (aunque el significado de este término se ha distorsionado mucho últimamente). 

El concepto de reputación no es nuevo. Podríamos decir que es tan antiguo como el ser humano. Ahora, sin embargo, a menudo oímos hablar de la importancia de gestionar la reputación digital. No se trata de algo nuevo, sino de una nueva dimensión. Si antes las empresas cuando gestionaban su reputación sólo debían hacerlo a nivel offline, ahora han de añadir un nuevo escenario: el digital. Y eso cambia un poco las reglas del juego.

En la formación de la reputación (online y offline) influyen dos factores:
1. Lo que nosotros hacemos y decimos de nosotros mismos
2. Lo que los demás dicen de nosotros (fruto de lo que han oído o de su interacción directa con nosotros).

El primer factor lo podemos controlar, porque depende sólo de nosotros. En las empresas, el departamento de comunicación se encarga de esta parte, a través de notas de prensa, organización de eventos, gestión de entrevistas y apariciones en los medios de comunicación… El segundo factor es externo y depende de terceras personas, así que no lo podemos controlar. Podemos intentar, eso sí, gestionarlo. La Red nos ayuda a hacerlo. 

Internet incide en ambas partes de la suma:
1. Porque gracias a los medios sociales podemos expresarnos y conseguir visibilidad: haciendo un blog y gestionando activamente nuestros perfiles en las redes sociales podemos explicar todo lo que sabemos de un tema y posicionarnos como expertos.
2. Porque gracias a los medios sociales, también los otros pueden opinar y conseguir que su mensaje llegue fácilmente a más gente. Pueden hacerlo a través de su blog, opinando en los blogs de otros o participando en las redes sociales.

Ante esta realidad, podemos hacer dos cosas: adoptar una actitud pasiva y hacer como si esto no fuera con nosotros, dejando toda nuestra reputación en manos de terceros, o actuar proactivamente y gestionar directamente nuestra reputación. Es cierto que no podremos evitar que alguien nos critique, pero imaginemos que alguien dice en Facebook que nosotros hemos dicho tal cosa y no es cierto. Si lo detectamos (y hay herramientas que permiten hacerlo), al menos podremos dar nuestra versión de los hechos.

Ciertamente, a nivel individual y personal no es habitual que la gente nos vaya criticando por la Red, algo que en el caso de empresas y productos es más común: por una mala experiencia con un producto, por mala atención en un servicio… Pero, como advierte Francesc Grau, nuestra vida ya es, también, digital. Y es que no podemos evitar ser digitales.

¡Pero no pensemos sólo en negativo! Podemos hacer una lectura positiva de este nuevo escenario: los medios sociales nos permiten expresarnos y ser visibles, y esto es útil tanto si trabajas en una empresa como si lo haces por tu cuenta. Cuando gestionas tu reputación estás creando tu marca personal, y esta te acompañará siempre, vayas donde vayas. Porque tu reputación es tuya, personal e intransferible.

Así, se convierte en la mejor carta de presentación a nivel profesional. Las empresas de selección de personal buscan candidatos en las redes sociales, pero también contrastan la información de nuestro currículum en la Red y comprueban nuestra reputación digital. Gestionar adecuadamente tu reputación se puede convertir en una oportunidad profesional. Nunca había sido tan fácil mostrar y demostrar todo lo que sabes, lo que has hecho, lo que te gustaría hacer, lo que eres capaz de hacer. ¿A qué esperas? ¡Manos a la obra!

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